Un correo electrónico ingresó temprano a la casilla institucional de la empresa. Un empleado del área administrativa lo leyó. Nunca desconfió, ni sospechó que era una trampa. El remitente era (teóricamente) la Municipalidad que informaba sobre una multa. En realidad se trataba de lo que comúnmente se denomina phishing (suplantación de identidad). Posiblemente, no era el primero de los e-mails que el estafador mandaba a la firma, esperando que "pique" una víctima desprevenida. Entonces el trabajador hizo clic en el correo, lo leyó con atención y descargó lo que pensó que era un PDF, un documento para imprimir. Era un archivo ejecutable (.exe o .msi) camuflado. En un instante, el equipo ya tiene instalado el malware (abreviatura de software malicioso). Así, más o menos, comenzó un centenar de maniobras ocurridas en los últimos nueve meses en la provincia de Santa Fe, que terminaron con robos millonarios en todo tipo de empresas e instituciones, públicas y privadas.

































