Dieciocho años de casados, tres hijos en común, una condena y un dispositivo que monitorea todos sus movimientos no fueron suficientes para evitar que un hombre de 46 años arremetiera contra sus exsuegros. La violencia de género que ejercía se trasladó hasta los padres de la mujer, señaló la jueza Rosana Carrara cuando ordenó la prisión preventiva.




































