Una jubilada de 85 años fue víctima de un brutal cuento del tío en pleno mediodía. La estafa, ejecutada con precisión quirúrgica, terminó con la pérdida de todos los ahorros familiares: más de 100 mil dólares entre euros y moneda estadounidense. El relato, estremecedor, lo hizo su hijo Alejandro a El Litoral, todavía incrédulo por lo ocurrido y desesperado por la lentitud de la investigación.
Una llamada con datos precisos
Todo comenzó con una llamada telefónica al número fijo de la vivienda ubicada en plena zona céntrica de Santa Fe (a pocas cuadras de la Seccional 1ra.). Del otro lado de la línea, una mujer que se presentó como empleada de Ansess. No improvisó: sabía el nombre de la jubilada, su domicilio y hasta el nombre de sus hijos.
Con paciencia, la supuesta funcionaria fue tejiendo una conversación larga, amable, de esas que generan confianza. “Mi mamá es grande y le gusta hablar. Estuvieron bastante tiempo”, relató Alejandro.
El anzuelo: “hoy es el último día”
El argumento fue el de siempre, pero adaptado al contexto: un supuesto cambio obligatorio de dólares y la urgencia de hacerlo “ese mismo día”. La estafadora remató la escena con un dato clave: un “contador, amigo de su hijo”, pasaría a retirar el dinero.
El libreto estaba cerrado. El delincuente ya tenía nombre, rol y coartada. Cerca de las 12.30, el hombre llegó a la casa. Joven, alto, vestido completamente de blanco, con mangas largas pese al calor agobiante y una gorra clara. Todo calculado. Todo cubierto.
“Le abrió la puerta. Eso es lo que no puedo entender”, dijo Alejandro, con bronca y dolor. A pesar de haberle repetido mil veces que no atendiera a desconocidos, su madre fue convencida. Le mostró dónde guardaba el dinero. Y se lo llevó todo.
Los ahorros de una vida
El botín fue demoledor: 40.000 euros; además de entre 43.000 y 45.000 dólares. Dinero ahorrado durante décadas, gran parte mientras Alejandro vivía en Europa y Uruguay, con un objetivo concreto: comprar una casa. “Nos dejó en cero. Nos mató”, resumió.
Alejandro se enteró mientras trabajaba. Un mensaje de su madre: “Vino tu amigo y se llevó los ahorros”. Pensó que era una confusión. No lo era. Volvió desesperado. Su madre estaba en shock, al borde del desmayo. “Yo le creí todo”, repetía ella.
La denuncia quedó radicada en la Seccional 1ra. Foto: archivo El LitoralEl 911 respondió y un móvil llegó al lugar. Tomaron fotos, pero según el denunciante, sin resguardar la escena. “Pisaron, tocaron cosas que no tendrían que haber tocado”, cuestionó.
Las cámaras de seguridad tampoco ayudaron: algunas estaban fuera de servicio y otras sólo registraron imágenes parciales del sospechoso.
Reclamos a la investigación
La denuncia quedó radicada en la Seccional Primera, a pocas cuadras del domicilio. Recién al día siguiente, ya con horas clave perdidas, intervino Policía de Investigaciones.
“Nos dijeron que las huellas se pierden rápido, que tendrían que haber estado a las dos horas”, contó Alejandro. Para entonces, el tiempo ya jugaba a favor del estafador.
Cámaras, llamadas y rastreos que no llegaron. Lo que más indigna a la familia es lo que no se hizo: No se pidió de inmediato el registro de llamadas del teléfono fijo. No se avanzó con rapidez sobre las cámaras cercanas. No hubo urgencia acorde al monto robado. “Es como si te robaran una billetera. Da lo mismo”, lamentó Alejandro
“Por eso llamé a los medios”, dijo el damnificado. Desbordado por la impotencia, Alejandro decidió hacer público el caso. No sólo para intentar recuperar el dinero, sino para alertar a otros adultos mayores.
“Es una fortuna, son los ahorros de una vida. Y todo avanza con una lentitud desesperante”, concluyó.