Para quienes viven sobre Avenida Galicia, el fin de semana no trae descanso: trae miedo, ruido, desvelo y bronca. En los últimos meses, la zona se transformó en un escenario recurrente de descontrol nocturno, donde motos y autos copan la calle en una especie de “desembarco” salvaje que se repite madrugada tras madrugada.

































