Un episodio de extrema tensión sacudió la calma vespertina del barrio Siete Jefes. Fue a plena luz del día, cuando un grupo numeroso de jóvenes intentó robar una motocicleta e ingresar a una vivienda familiar mientras en el interior se encontraban un niño de 3 años y su niñera. Los gritos desesperados de la mujer lograron frustrar el ataque, pero el impacto emocional dejó huellas profundas.
El hecho ocurrió alrededor de las 18.20 del lunes, en una vivienda ubicada sobre calle Grand Bourg 4300, entre Córdoba y Pedro Zenteno. Según relató la madre del niño a El Litoral, su hijo y la niñera estaban dentro de la casa, jugando y preparándose para salir a dar un paseo por la Costanera.
Todo cambió en segundos. Un ruido metálico rompió la tranquilidad: estaban forzando las rejas del frente.
“Eran como diez chicos”
La vivienda cuenta con rejas exteriores y un portón eléctrico de la cochera. La motocicleta estaba estacionada en el espacio intermedio, entre la reja y la casa. Fue allí donde el grupo —“eran como diez chicos, según se ve en el video”, aseguró la mujer— comenzó a violentar los accesos.
Algunos treparon paredes y alambres; otros empujaban desde afuera. Ya estaban dentro del perímetro de la propiedad cuando intentaron arrastrar la moto.
Los gritos que evitaron lo peor
La niñera, al asomarse por la ventana y ver la escena, comenzó a gritar desesperadamente pidiendo ayuda. Los alaridos, que quedaron registrados en un video aportado por vecinos, fueron determinantes: los delincuentes soltaron la moto y huyeron corriendo, sin lograr ingresar a la estructura principal de la casa.
Previo al incidente hubo llamados de los vecinos a la policía. Foto: archivo El Litoral
Los vecinos, alertados por los gritos y por llamados previos a la policía, salieron de inmediato y asistieron a la joven y al niño.
Un niño y el miedo
El momento más duro llegó después. El niño, aterrorizado, se escondió debajo de una mesa mientras los adultos intentaban asegurar puertas y portones. “Eso fue lo más difícil —relató la madre—. Después estuvo todo el día angustiado, asustado, sin ganas de hacer actividades”.
La mujer contó que esa misma noche decidió no dormir en la vivienda y reforzar todas las medidas posibles hasta evaluar nuevos sistemas de seguridad.
Vecinos solidarios
El hecho reavivó la preocupación por la modalidad de robos grupales tipo “piraña”, cada vez más visibles incluso a plena luz del día. “Es una locura que pase así, como si nada”, lamentó la víctima.
Las víctimas destacaron la solidaridad de sus vecinos. Foto: archivo El Litoral
Pese al miedo, destacó un gesto clave: “Lo que más rescato es la solidaridad de los vecinos. Estuvieron todos, ayudaron en todo momento, cuidaron a mi hijo mientras llegaba la policía”.
La denuncia fue radicada y el episodio quedó bajo investigación. En el barrio, la sensación es clara: la violencia ya no distingue horarios.