Por un lado, darnos permiso para experimentar la rumiación es precisamente lo que puede frenarla: "Se trata de reconocer que los pensamientos acelerados son solo ruido, que es lo que a veces hacen nuestras mentes, y eso está bien. Esto te da una sensación de control para que no te sientas impotente”. Una vez que estamos conscientes de la rumiación, no es tan difícil librarse de ella: "Apenas te des cuenta de que estás pensando en las cosas una y otra vez, podes hacerte un comentario interno para vos mismo, como 'acá voy de nuevo, con mi lista de pensamientos que nunca termina'. A continuación, tomar una decisión consciente de hacer otra cosa, como leer, escuchar música, hacer ejercicio o llamar a un amigo", propuso Fabrett.