Mediante una planificada campaña publicitaria, apalancada en redes sociales y dirigida a los jóvenes, los vapeadores ganaron terreno. Se presentaban como opción para aquellos interesados en dejar de fumar. Diseñados sutilmente, imitando productos aspiracionales, con sabores atractivos, rápidamente se convirtieron en un daño para la salud.

































