La epilepsia sigue rodeada de mitos y desconocimiento, a pesar de ser una de las enfermedades neurológicas más frecuentes. Para muchas personas, la palabra remite de inmediato a convulsiones generalizadas, pérdida de conciencia y escenas dramáticas.
La epilepsia es una enfermedad neurológica tratable que afecta a personas de todas las edades. Aunque suele asociarse a convulsiones visibles, también puede manifestarse de formas menos evidentes.

La epilepsia sigue rodeada de mitos y desconocimiento, a pesar de ser una de las enfermedades neurológicas más frecuentes. Para muchas personas, la palabra remite de inmediato a convulsiones generalizadas, pérdida de conciencia y escenas dramáticas.
Sin embargo, la realidad es más amplia y compleja. Comprender qué es la epilepsia, a quiénes afecta y cómo actuar ante una crisis puede marcar una diferencia clave tanto para quienes viven con el diagnóstico como para su entorno.
“La epilepsia es un término que significa poseer una predisposición persistente a generar crisis epilépticas”, explicó a Viví Mejor el neurólogo Francisco Varela (MN 139048). No se trata de un evento aislado, sino de una condición en la que el cerebro tiene una tendencia sostenida a producir episodios de actividad eléctrica anormal y excesiva en las neuronas.
Una crisis epiléptica es un evento transitorio que puede manifestarse de diferentes maneras. En algunos casos se presenta con sacudidas del cuerpo, rigidez muscular o pérdida de la conciencia, pero en otros puede expresarse como una alteración breve del estado de alerta, trastornos del lenguaje o desconexiones momentáneas del entorno.
En Argentina, los estudios epidemiológicos locales indican que la epilepsia activa tiene una prevalencia cercana a 3,8 por cada 1.000 habitantes. En términos simples, casi 4 de cada 1.000 personas viven con esta condición, lo que confirma que no se trata de una enfermedad rara ni excepcional.
Respecto a la edad, el especialista señaló que la epilepsia puede aparecer en cualquier momento de la vida.
Sin embargo, se observan dos picos bien definidos: uno en la infancia y adolescencia, asociado a causas del desarrollo y factores genéticos, y otro en los adultos mayores, donde predominan las causas adquiridas, como eventos vasculares cerebrales o enfermedades neurodegenerativas.
Las causas de la epilepsia son múltiples. A grandes rasgos, se agrupan en varios tipos. Existen epilepsias de origen genético, en las que la predisposición está influida por variantes genéticas, aunque esto no implica necesariamente que sean hereditarias.
También hay epilepsias estructurales, vinculadas a lesiones cerebrales conocidas o visibles; infecciosas, como secuela de infecciones del sistema nervioso; y metabólicas o inmunológicas, que son menos frecuentes.
Aun así, un número significativo de personas con epilepsia no tiene una causa identificable. “Hay muchos casos que se clasifican como de causa desconocida, en los que no se encuentra un origen claro”, señaló Varela.
Uno de los mitos más extendidos es que la epilepsia es siempre hereditaria. El neurólogo aclaró que, si bien en algunos casos existe un componente familiar o genético, la mayoría de las personas con epilepsia no tiene familiares directos con la enfermedad.
El término “genética” no debe interpretarse como una transmisión directa inevitable de padres a hijos, sino como una predisposición biológica.
En cuanto a las señales que deben motivar una consulta médica, Varela destacó que no todas las crisis se presentan de manera evidente.
Además de las convulsiones típicas, es fundamental prestar atención a otros síntomas que pueden pasar desapercibidos: pérdidas súbitas de conciencia, desconexiones breves, caídas inexplicables acompañadas de confusión posterior o amnesia del episodio.
Otros signos de alerta incluyen mordedura de lengua, incontinencia, dolores musculares intensos o un cansancio extremo luego de un evento. En estos casos, la evaluación médica es clave para arribar a un diagnóstico adecuado.
La epilepsia es una enfermedad tratable. Según explicó el especialista, hasta alrededor del 70% de las personas logra controlar las crisis con el tratamiento adecuado y llevar una vida normal. “Con el enfoque correcto, muchas personas con epilepsia pueden estudiar, trabajar, hacer deporte y desarrollar una vida plena”, subrayó.
Cuando los medicamentos no logran controlar las crisis —lo que se conoce como epilepsia farmacorresistente— existen otras alternativas terapéuticas, como la cirugía de epilepsia, la neuroestimulación o la dieta cetogénica.
En la vida diaria, los cuidados son fundamentales. Tomar la medicación de forma regular es uno de los pilares del tratamiento, ya que la adherencia reduce significativamente el riesgo de crisis. Dormir bien también es clave, dado que la privación de sueño puede facilitar la aparición de episodios.
Además, se recomienda evitar el alcohol y otras sustancias que aumenten el riesgo, y planificar con precaución actividades potencialmente peligrosas, como nadar, trabajar en altura o manipular maquinaria.
Otro aspecto importante es la seguridad. Llevar una tarjeta o pulsera que indique el diagnóstico y la medicación, y enseñar a familiares y amigos cómo actuar ante una crisis, puede ser determinante.
Frente a una convulsión, Varela remarcó la importancia de los primeros auxilios adecuados. Lo principal es mantener la calma y tomar el tiempo de duración de la crisis. Se debe proteger a la persona de golpes, retirar objetos cercanos y colocar algo blando bajo la cabeza. Aflojar la ropa del cuello y colocarla de lado ayuda a prevenir la aspiración de saliva o vómitos.
Hay conductas que deben evitarse: no sujetar con fuerza ni intentar frenar los movimientos, no introducir objetos en la boca —la persona no se “traga la lengua”— y no dar agua, comida ni medicación durante la crisis.
Se debe llamar a emergencias si la convulsión dura más de cinco minutos, si se repite sin recuperación completa, si hay lesiones importantes, embarazo, diabetes, dificultad respiratoria marcada o si se trata de la primera convulsión conocida de la persona.
Informar, comprender y actuar correctamente son pasos fundamentales para reducir el impacto de la epilepsia y mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta condición.




