Estudios recientes indicaron que los factores ambientales y de estilo de vida explican aproximadamente el 17% de la variación en el riesgo de mortalidad, mientras que la predisposición genética representa menos del 2%. Esto sugiere que nuestras elecciones diarias, como la alimentación, el ejercicio y el manejo del estrés, tienen un papel crucial en nuestra longevidad.



































