Hay una idea profundamente equivocada —y peligrosamente instalada— en amplios sectores de la sociedad: creer que la enfermedad es solo un problema de salud. No lo es. La enfermedad, en el mundo real, es un problema económico, laboral, familiar y social. Y cuando uno lo analiza sin romanticismo, queda claro algo incómodo pero verdadero: estar enfermo es un lujo que solo los ricos pueden darse.



































