Quizás no llegue al nivel de los otros. Jugó mucho menos, pero logró lo que los otros no pudieron. El amor y la admiración al límite de la exaltación, el Pulga lo tuvo. En esa Copa de la Liga Profesional 2021, que fue brillante para él y para el equipo, se quedó sin el regalo del reconocimiento directo del hincha, el más genuino, el que sale desde las tribunas en el momento del estallido emocional por un gol o por un triunfo. Todo por culpa de la pandemia. El Pulga Rodríguez disfrutó de la miel más exquisita, como también antes debió purgarse de ese sabor amargo de algún insulto post final de Paraguay. Pero nadie podrá discutir que se trata de alguien que se metió de lleno en el corazón del hincha. Y mucho ayudó su origen humilde, plagado de necesidades, sufriendo una pobreza extrema en ese pueblito de Simoca que él adora y al que inevitablemente siempre vuelve. Esa Simoca en la que papá Pocholo, el mismo que se fue hace poco de este mundo y a quien el Pulga no pudo despedir de la manera que hubiese deseado, luchaba todos los días para llevar el pan a la casa de los Rodríguez. Y tanto era el esfuerzo, que el Pulguita alguna vez dejó de jugar para ayudarlo a Pocholo, que era albañil y pintor.




































