Fue el partido que uno imaginó, con Acassuso cediendo la iniciativa, esperando con orden; y Colón, con pelota y terreno a su favor, inclinando el trámite pero sin claridad ni profundidad para llevarle real peligro a Monllor. Fueron apenas algunas insinuaciones –muy pocas- y exentas de suficiente peligrosidad, que no llegaron a inquietar a un arquero que pasó una noche relativamente tranquila en esos primeros 45 minutos.





































