De jugar con Estación Quequén, el día que se cayó una tribuna, a jugar con River una final de campeones y reventando como siempre las tribunas. Los que peinan canas deben recordar ahora el porqué de ese cantito "siempre estuvimos en las malas, las buenas ya van a venir...". Entonces, llegó un momento que el reloj marcó las horas, el tiempo se detuvo. Y las buenas, como lo juraba el cantito, llegaron un día. Primero llegó una final (La Olla), después otra (el Bicentenario de San Juan) y finalmente otra más (la del Madre de Ciudades en Santiago del Estero).





































