Duró apenas un ratito de cinco o seis minutos el ímpetu de Colón. Primero fue un remate de Galván por encima del travesaño y enseguida el gol anulado a Wanchope por clara posición adelantada previa de Pierotti, quien le había dado el pase para que el delantero la empujara al arco de Rojas. Fue una ráfaga que presagiaba algo bueno. Y se quedó en eso, sólo en un esbozo, en un presagio. Todo lo que vino después fue imprecisión, impotencia, poca claridad para jugar y mucha menos agresividad para lastimar a un rival que fue ajustando marcas en el medio y atrás, hasta obligar a Colón a jugar demasiado lejos del arco rival y con pocas pretensiones.


































