Es inevitable plantear de antemano el clima previo. Seis derrotas en serie, algo casi inédito para Colón y para cualquier equipo que se arma con el objetivo máximo, ya sea el de campeonar o el de ascender. Un clima institucional con secuelas (varias renuncias, con la del vice primero como principal referencia). La necesidad imperiosa de ganar convertida en una obligación teniendo en cuenta la jerarquía del rival. Y la presión que podía ejercer la gente a partir de lo que el equipo iba a entregar adentro de la cancha. Acá no era cuestión de que el empuje llegue de afuera hacia adentro, sino que el contagio se exprese de adentro hacia afuera; es decir, del equipo hacia la gente.
































