Es increíble la generosidad. Es cierto que, gracias al canchero Gonzalito Insaurralde, El Litoral jugó “de local” en la cancha de Cerro Porteño en su cobertura exclusiva. Pero nos abrieron las puertas de par en par, sin ocultar nada. A cada paso, el ofrecimiento de “tereré”, cada uno con su receta propia. Por todas partes y en cada rincón, obreros, albañiles, pintores y gente corriendo de un lado para el otro.



































