—Nosotros montamos una organización en la Federación a 10 años para ser campeones del mundo en juveniles. El proceso va muy bien. Se empezó con la Liga Nacional sub 12 y así, cada dos años, hasta la sub 20. Tanto en Primera como en Segunda se convirtió en una obligación que, en los clubes, estén jugando juveniles. En Primera había 40 juveniles todos los fines de semana en cancha. Muchos de ellos debutando a los 16 años. Y así, cuando llegan al Sudamericano sub 20, ya tienen 80 partidos en primera. Además, se organizaron 135 días por año de trabajo en las juveniles. Teníamos un gran maestro que se llamaba Lino Alonso, fue mi mentor y luego mi compañero de trabajo. Se me murió en mis brazos. El me decía que entre 80 y 90 días era lo mínimo e hicimos un programa para 135. Jugamos entre 40 o 50 partidos por año. Todo eso hizo que el fútbol se masificara, que se formaran entrenadores. Ese fue, a grandes rasgos, el proyecto.