Se gritó con todo en Santa Fe, en Mataderos y por duplicado en el José María Minella de Mar del Plata. Lo cierto es que a los 31 segundos de juego, entre la avivada de potrero de Brian Guille y la torpeza de Pablo Calderón, el Sabalero marcó uno de los goles más rápidos del ascenso y de su propia historia.

































