Darío Pignata
dpignata@ellitoral.com
Empezó jugando a la pelota en Independiente de Santo Tomé y luego pasó a Ateneo Inmaculada. Eran tiempos de canchas en Liga Santafesina para Nicolás Amerise. Hasta que el ojo futbolístico de Claudio Gugnali lo descubrió y llegó a Unión, hace unos cuatro años. Si es cierto aquéllo de que “toda crisis es una oportunidad”, para este pibe lo fue la pésima campaña de Unión en el certamen de la Primera “B” Nacional. Es que en el contexto de esa sangre joven que intentó darle el “Titi” Catinot al equipo —Amerise, Pedro Suárez, Broin, Yacuzzi, Taborda—, este rubio, alto y de zapatos negros llegó a tocar el cielo con las manos cuando vio cómo su derechazo se metía lejos del alcance de Cambiasso y ponía el 2-2 en la tarde rara del 15 de Abril.
¿Cuánto hacía que Unión no lograba “sacar” un chico con gol de sus divisiones menores? Pero, fundamentalmente, que se ajustara a la famosa palabra “pibes”. Y este flaco alto, con solamente 18 años, se ajusta claramente a la palabras “pibes”, “chicos”, “nenes”.
Se lo vio, técnicamente, bien preparado en todos los partidos que le tocó jugar. Incluso, con un gesto de manejo pelota que es impropio de la talla física que tiene. Porque en el fútbol, por lo menos en los inicios, todo jugador que supera el 1.90 metros trae desde la cuna algunas fortalezas y debilidades definidas. A favor, la fuerza física, el empuje, el juego de arriba, la potencia. En contra, la torpeza en los movimientos. Sin embargo, si bien no es Pereyra, Nicolás Amerise demostró claramente que sabe tocar de espaldas. En caso duda, preguntarle a Zapata, cuando pivoteó, se bancó los centrales en la espalda y lo dejó solo un par de veces.
Con alma y vida
¿Cuánto tiempo hacía que un chico de 18 años de las inferiores no aparecía en la primera de Unión, jugaba bien, marcaba un golazo y lo gritaba con el corazón, revoleando la camiseta por el aire? Poco importa, a esta altura, la amarilla de Javier Ruiz por quedarse “en cuero” en medio del festejo por el 2-2.
Cuando llegó el centro de César Pereyra desde la derecha, Amerise generó el espacio necesario para acomodar ese metro noventa y pico adentro del área. Allí, la mató con el pecho, la dejó caer de manera controlada y antes que tocara el césped la cruzó de derecha junto al caño izquierdo del arquero de All Boys que se tiró pero no pudo hacer nada.
Un lindo gol por la definición, que juntó tres movimientos en un solo: pararla, bajarla y pegarle. Encima, cuando Amerise puso el 2-2, las puertas del 15 de Abril se abrieron para que unos 500 hinchas que presionaban contra los policías pudieran entrar por Cándido Pujato para evitar incidentes mayores en la tarde del domingo. Así, a diferencia del gol de Pereyra de penal en el primer tiempo, el tanto de Amerise contó con sonido ambiente. No el que hubiera tenido en condiciones normales, pero un poco mejores que las del primer gol.
“Todavía no lo puedo creer. Hice un gol que sirvió para empatar un partido que terminamos ganando. Se lo dedico al cuerpo técnico y mis compañeros, como así también a toda mi familia”, dijo Amerise, la figura de la tarde junto al “Picante” Pereyra.



































