Hubo momentos buenos, otros no tan buenos y otros decididamente malos en la histórica relación entre los clubes de Santa Fe. Muchas veces, los dirigentes no se dan cuenta de la enorme fuerza que tienen si se unen en intereses comunes. Se quejan de los gastos de apertura de las canchas, de lo que cuestan los operativos policiales, de que el gobierno muchas veces no los ayuda como pasa en otras provincias, de que la fuerza en la mesa de las decisiones no es la que tienen otros clubes que pisan más fuerte. Pero los esfuerzos se hacen de manera aislada en muchas ocasiones, sin entender que la rivalidad tiene que ser adentro de un campo de juego y durante 90 minutos. Y nada más. Al menos para ellos.

































