Hay cosas que no se olvidan, por más que en el momento no se dimensionen. Isabella Citroni y Felipe Vallejos son muy niños. Posiblemente empiecen de a poco a entender el verdadero valor de lo que consiguieron. Una camiseta del club de sus amores se puede comprar, pero recibir justamente la camiseta del jugador emblema, del que acababa de dar rienda suelta a la alegría de todo el pueblo tatengue con su gol, de la figura de un partido que se ganó y en cancha propia, no tiene precio. Seguramente pasará el tiempo y estos niños irán encontrando otras explicaciones a lo que les pasó en ese viernes inolvidable, cuando llegaron a casa con el regalo que cualquier hincha de Unión hubiese querido recibir. Y en el caso de su "dueño", de Jonathan Álvez, lo retrata y lo define. Por algo habló tanto de la gente y por algo dijo que su gran alegría no era el gol en sí, sino hacer feliz al hincha. Y vaya si lo logró. Al hincha en general con su gol y a estos dos pequeños, además, regalándoles el pantalón y la camiseta.


































