Hay un proyecto futbolístico, pero también hay una ilusión. El proyecto es el de crecer, el de apostar a los jóvenes del club, el de mejorarlos. Munúa lo sabe y lo lleva a cabo. Ya Roberto Battión se encargará en los próximos días de resaltarlo. Pero más allá del proyecto, está la ambición. Y también esta realidad. Si Unión llegó al lugar que llegó y está por jugar en Río de Janeiro, en el Maracaná y ante Fluminense, uno de los grandes del continente, es porque se dieron no uno sino varios pasos adelante. Y por más que el pasado inmediato lo condene –por las tres derrotas al hilo en el torneo local- Unión ha superado las expectativas que hace cinco o seis meses se tenían. Y eso es lo que no se debe dejar de lado ni mucho menos hay que dejar de desconocer.



































