Va y va Unión. No para. Somete a los rivales con un derroche físico que, inclusive, equipos preparados para ser intensos ni siquiera pueden igualarlo. Cuando puede, intenta jugar. Agrega una cuota de fútbol. Se dio en el segundo tiempo, sobre todo. Porque en el primero, Banfield manejó un poco más la pelota. Pero Unión se quedó con los tres puntos porque lo mereció y porque tiene muy bien aprendido el libreto que ha traido este entrenador que ya empieza a hacer sonar su nombre en el fútbol argentino.




































