Como se decía antes, hace tres fechas había olor a nardos. Unión estaba más cerca del arpa que de otra cosa. Pero llegaron las dos alegrías bíblicas afuera: se posó Dios en López y Planes, con dos remates al arco, dos goles y seis puntos. Primero, Santiago del Estero; después el Ducó. Y llegó la tercera “final”: domingo, raro y a las once de la mañana. Otra vez la gente, siempre la gente. La sana, la linda, la pura. La que no es oficialismo, ni colectora, ni oposición dañina. La de Unión. Ellos respiraron, festejaron, se aliviaron. Se lo merecen. Vaya una por tantas malas.


































