Cuando se piensa en la idea de amor, aparece la idea subjetiva de una emoción ardiente, de un “amor de fuego”, por ejemplo. Pero no en un amor de plástico. El plástico se usa para envolver y después se desecha, se convierte en basura. Pero la iniciativa “Llena una botella de amor” rompe con estas acepciones, por una buena causa. Llenar botellas de plástico con plásticos de todo tipo para convertir lo que sería desecho contaminante en materiales reutilizables —como por ejemplo, madera plástica—, es una práctica emergente que comienza a tomar fuerza en esta capital.



































