Un día con las persianas bajas es un "puñal en el pecho" para los locales que no pueden abrir a los clientes. Vivir con la caja diaria se volvió el desafío para los comerciantes tras los tres meses cerrados y sin generar dinero, pero con las obligaciones incrementándose y haciendo malabares para pagarle, al menos, a los empleados.


































