Monseñor Sergio Fenoy acaba de ofrecer su mensaje de Navidad. Está parado junto al pesebre montado junto al altar del convento de San Francisco, esa atmósfera que remonta a la Santa Fe antigua recién mudada desde Cayastá, emplazada en el corazón del casco histórico de la ciudad. El templo levantado entre 1673 y 1688 está casi intacto, bien preservado. Sus anchas paredes de barro mantienen el fresco en su interior en este caluroso fin de año. Es media mañana y la prensa se acerca a escuchar y transmitir las palabras del arzobispo que, como es de esperar, citará pasajes bíblicos para decir luego que en esta fecha “Dios enciende la chispa revolucionaria de su ternura”.

































