Estos pobladores originarios del Paraná tenían el mismo modo de vida, patrón de asentamiento y una tradición alfarera en común. La gente fabricaba recipientes de cerámica para poder contener, transportar líquidos o cocinar sus alimentos. Las formas dependían del uso o los usos que se le iba a dar a la pieza y eran básicamente simples, abiertas como platos y cuencos o cerradas como ollas y cántaros. La cocción de las piezas se realizaba a baja temperatura, lo que indica que la combustión se realizaba al aire libre y no en hornos cerrados. La alfarería de los grupos que habitaban la llanura aluvial del Paraná se caracterizaba también por la presencia de representaciones naturalistas de figuras animales y humanas. Éstas aparecen principalmente en forma de apéndices que formaban parte de contenedores en donde se modelaban o recortaban en el borde representaciones de aves (principalmente loros), carpinchos, mulitas, ofidios, caracoles y otros animales autóctonos de estos ambientes fluviales. Además de éstos, suelen encontrarse formas antropomorfas, generalmente solo la cabeza.