“En la mesa familiar no hablan de las personas trans, nadie nos nombra en voz alta; en la escuela no existimos; en el amor somos lo oculto; en las cicatrices somos lo repulsivo; en los libros no hay cuerpos como los nuestros; en la niñez somos lo equivocado; en la adolescencia, el abrazo negado, y en la adultez estamos solos", escribió un día el santafesino Giovi Novello. Estaba solo, sentado frente a la computadora. Quería exorcizar todo eso que lo atravesaba en su interior. Era una necesidad muy grande. Una necesidad de contar lo que le había ocurrido desde chico y le seguía ocurriendo de adulto.
































