Nilo Navas se “bancó” 32 horas aguantando en una balsa, luego de que los británicos hundieran el Crucero ARA “General Belgrano”, en medio de un frío insoportable, del silencio ensordecedor del mar bravío y con la desesperación de sentir cerca a la muerte. Acaso vio morir compañeros, soldados como él. Pero siguió adelante: hoy levanta la causa Malvinas como una bandera que nunca dejará de blandirse. Y como experto náutico, se lanza a la travesía por agua: navegará desde Ushuaia, donde está hoy, hasta la escuelita más austral de país, en la Antártida argentina, en un pequeño velero de sólo 12 metros.


































