Cuando el 29 de abril de 2003 se desbordó el río Salado y el agua empezó a ingresar a los barrios, la desesperación empezó a apoderarse de los vecinos, que de a poco irían perdiendo todo. El agua tiene eso cuando inunda: no avisa, es silenciosa y fatal, y arrasa con todo lo que se le interpone. Pasaron 21 años de aquella catástrofe hídrica.



































