La ministra de Salud Sonia Martorano tiene todos los números sobre la mesa. Es un tetris de primeras y segundas dosis, de distintas marcas, con diferentes protocolos de frío y cuidados, destinadas a cada sector de la población santafesina que todavía aguarda recibir la vacuna contra el coronavirus. A eso le suma los que ya se vacunaron, los que faltan. Todo encaja, se ordena y resulta efectivo. Pero los números cambian a cada rato con los nuevos inscriptos que aparecen en el sistema. Y entonces hay que empezar de nuevo. Lejana parece haber quedado aquella mañana del martes 29 de diciembre del 2020, cuando en una sala del hospital Cullen se aplicó la primera vacuna en Santa Fe. Era apenas el comienzo de un año calendario que pretende terminar con la tarea de inmunización cumplida. Parece una vida. En verdad son millones.


































