A mediados del siglo XX, un fenómeno singular y propio de nuestra identidad comenzaba a ocurrir en los rincones y márgenes de nuestra ciudad. Una tarde de verano en los años cuarenta del siglo pasado, diario El Litoral en su sección de sociales afirmaba que “Santa Fe es la ciudad del país donde se baila más seguido y tupido. En esto, no hay quien nos pise el poncho”.

































