Otra de las preguntas al sacerdote fue, ¿cómo es ser párroco de San Agustín, de un barrio con tantas necesidades? Y su respuesta fue: "Hace 35 años que tengo la gracia de Dios de poder estar en los barrios y realmente siempre he dicho que lo que uno le puede dar a los más necesitados es muy inferior a lo que ellos me han dado a mi en todo este tiempo de sacerdote. San Agustín es indudablemente, como se lo dije la vez pasada a mucha gente, un regalo que no merezco. ¿Qué quiero decir con esto? Quiero decir que es un regalo para mí lleno de luz, lleno de paz, de gente divina, maravillosa, con la cual uno puede compartir y estar todos los días; por eso para mí hoy San Agustín es indudablemente el lugar donde Dios quiere que esté".