Cuando el 28 de diciembre arribó a Santa Fe la primera partida de Sputnik V, la vacuna fabricada por el laboratorio ruso Gamaleya para inocular a la población contra el Covid-19, la temperatura de conservación parecía un verdadero desafío. El transporte de aquellas dosis se hizo, como se hace ahora, en conservadoras recubiertas en hielo seco y placas eutécticas, para garantizar la conservación a -21ª. Luego llegaron las pruebas para observar qué lapso demandaba descongelarlas, y hubo que diseñar un operativo para asegurar la colocación de las vacunas ya retiradas del frío en menos de dos horas.



































