En la quietud de una casa cualquiera, lejos del murmullo de los pasillos hospitalarios, la salud también se abre camino. Allí, donde la vida cotidiana intenta recomponerse entre rutinas y afectos, el Estado municipal de Santa Fe sostiene desde hace más de una década un servicio silencioso pero decisivo: el de cuidados domiciliarios, una red que durante este año acompañó a 30 personas —adultas y pediátricas— que debieron continuar sus tratamientos fuera de los nosocomios.


































