Desde hace unas décadas atrás, el Puerto de Santa Fe vive una acelerada apertura en diálogo con el resto de la ciudad, un proceso de integración urbana y modernización, al ritmo de nuevas torres habitacionales, industrias, comercios y entretenimientos instalados en un espacio antiguamente destinado exclusivamente a actividades portuarias. Esta transformación demandó obras en su interior: nuevas calles, veredas, iluminación, servicios y el necesario ordenamiento de la movilidad. Mientras que afuera, en sus accesos, el Puerto está “abrazado” por dos grandes avenidas: 27 de Febrero y Alem. A través de estas arterias circula el transporte internacional mezclado con los vehículos de los vecinos de la ciudad. Cruzar a pie esta suerte de barrera vehicular para salir o entra al Puerto es un desafío. Y el riesgo vial está latente. El problema abre una ventana de debate sobre la movilidad urbana en Santa Fe.


































