Están ahí. Detenidos en el tiempo. Son una especie de tótem tecnológico que alguna vez sirvieron para sacar del apuro a miles de personas. En épocas donde el teléfono sólo funcionaba con cables e Internet era un proyecto a largo plazo para los países del primer mundo, las cabinas telefónicas fueron de gran ayuda para quienes deambulaban por el espacio público y necesitaban comunicar algo. Incluso, fueron el refugio de aquellas familias que no tenían el servicio en sus domicilios. En la actualidad, en la ciudad de Santa Fe sobrevive un puñado de estos vetustos centros de comunicación. La mayoría está prácticamente en desuso y deteriorado.



































