“Como pocos otros medios, la cerámica ofrece singularidades que la tornan doblemente atractiva. Es la única que emerge del enlace de los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Nace, además, dentro de una suerte de ‘ascendencia bíblica’, la de amasar el barro y darle formas”.
Así comienza una nota publicada por El Litoral el 4 de marzo de 1976, consistente en una extensa entrevista con Eva Perman, una artista santafesina que para entonces se había sumergido en los secretos del juego ceramístico.
“Juego, porque si bien técnicamente se sabe lo que se hace y aún lo que se busca, no pocas veces, por obra y gracia del horno y de tantos otros imponderables, la pieza resultante ofrece descubrimientos inesperados y texturas sorprendentes”, señala el artículo.
“Esta cuota de ‘lo inesperado’ es también otro de los ingredientes que convierten a este arte en una deliciosa caja de Pandora que no deja de deslumbrar a quienes lo cultivan con amor”, continúa.
Archivo El LitoralEl trabajo y los días
“En el Taller Experimental de Arte Cerámico, que dirige desde el año pasado nuestra entrevistada, comparte sus experiencias, define los planes a seguir y despeja dudas. Su palabra se vuelve firme a medida que profundiza en la materia que la apasiona”, dice la nota.
“Recuerda con entusiasmo los intensos meses de aprendizaje de esmaltes en las Escuelas Internacionales de Cerámica de Florencia y de Faenza. También, paralelamente a la acción de aprender, la otra consecuencia ineludible para ella: enseñar”, agrega.
“Es para mí -afirma Perman- como una fuerza incontenible de volcar todo lo que sé, de no dejar nada que me pertenezca solo a mí, técnicas y experiencias. Sin duda, enseñar es un sacrificio, pero en mi caso me enriquece y hace que, una vez que he entregado todo, ya esté en otras búsquedas y nuevos hallazgos”, indica el párrafo siguiente.
“Dentro del orden y la unidad del grupo, hubo cierto sentido de comunidad que favoreció la obtención de satisfactorios resultados a partir del trabajo de las planchas; las posteriores piezas, libres, las sólidas por desbastado”, apunta luego.
“Paralelamente, se cumplieron algunas clases de percepción visual, muestras de cerámicas, proyecciones y charlas culturales para apoyar el dictado teórico-práctico de la especialidad”, sostiene.
Archivo El LitoralLos planes y el futuro
“Sin duda, los resultados han sido progresivos, y confío en que este año podamos llevar al taller a un programa más ambicioso. Por lo pronto, fomentaré un mayor trabajo en dibujo y una investigación más rigurosa sobre las formas y su desarrollo en el espacio”, explica.
“También continuaremos haciendo estudios sobre combinaciones de esmaltes, aunque por diferentes razones (los costos del cobre y del azul cobalto resultan realmente prohibitivos para la mayoría), trataremos de movernos más con los engobes para decorar las superficies”, añade.
“El alumnado, de 12 años en adelante, es agrupado no solo según edades sino también en función de su preparación y rendimiento. La directora del taller manifiesta no solo su complacencia por el entusiasmo de los jóvenes, sino que aún le sorprende la fe de sus alumnos mayores y la frecuencia de hombres que asisten a los cursos”, asegura luego.
La recompensa de enseñar
“Al salir del simpático recinto, en cuyas paredes y estantes se distribuyen innumerables piezas y pruebas de esmaltes, pensamos en la generosidad del arte”, continúa la nota.
“Más allá de distinciones tan importantes como el Gran Premio de Honor del Salón de Cerámica de Rosario, los primeros premios de escultura y cacharros en Bariloche, Firmat y Santa Fe, Eva Perman encuentra que su mayor recompensa sigue siendo enseñar”, finaliza.