Cualquier turista que viaje a Río de Janeiro y decida realizar un recorrido por esa maravillosa ciudad brasileña, tiene un destino prefijado (además del Cristo Redentor y el Pan de Azúcar). La Escalera de Selarón (“escadaria” en el portugués original), que une a los populosos barrios de Lapa y Santa Teresa.
Se trata de una postal urbana con similitudes con la zona porteña de Caminito. Están los típicos vendedores, el aire está algo saturado por los olores de las comidas del vecino país y, por la llegada de contingentes, el lugar parece un hormiguero.
Lo curioso es que, hasta hace unas décadas, era apenas una escalera común y corriente como otras tantas de Río. Hasta que llegó a la ciudad un artista chileno, llamado Jorge Selarón.
ArchivoUn viajero enamorado
Selarón había nacido en un pequeño pueblo chileno en 1947. Cuando era apenas un niño conoció Buenos Aires, ciudad que lo subyugó y, como si fuera un personaje de Julio Verne o Emilio Salgari, se decidió: quería conocer el mundo.
Antes de cumplir 20 años, Selarón ya había recorrido Europa y en los años que siguieron visitó más de 50 países. Hasta que decidió hacer base en Río de Janeiro. Había encontrado lo mismo que el personaje de Federico Luppi en la película de Adolfo Aristarain: un lugar en el mundo.
ArchivoConstruir un lugar icónico
El domicilio del artista estaba ubicado a metros de la escalera, en el barrio Lapa. De modo que decidió realizar intervenciones en el lugar. En primer lugar, fueron bañeras pintadas y luego decoradas con azulejos.
Para esta primera acción, se inspiró en el Parque Güell de Barcelona, un espacio público con jardines y elementos arquitectónicos diseñado por Antonio Gaudí.
El paso siguiente fue renovar la escalera, que mide más de 100 metros y tiene 215 escalones, para lo cual empezó utilizando los colores de la bandera del país que lo había acogido, es decir verde, amarillo, azul y blanco.
ArchivoSin embargo, según cuenta Igor Severo, descubrió que en una plaza céntrica de Río vendían azulejos de todo el mundo. Lo cual lo condujo a ir comprando estos elementos para colocar la escalera y así crear una obra de arte "mutable".
Azulejos del mundo
Para lograr este objetivo de poder "azulejar" la escalera, trabajó casi en solitario, solventando los gastos a través de las ventas de sus trabajos y con algunas donaciones específicas.
Lo llamativo es que comenzó a recibir varios centenares de azulejos de más de sesenta países, algo que constituye uno de los atractivos del lugar. No es raro encontrar turistas tratando de ubicar una pieza de su país, o incluso de alguna ciudad.
ArchivoUna mujer sin nombre
Los propios guías de turismo cuentan una historia que rodea a la figura de Selarón y que tiene que ver con una mujer. Explican que, en determinados puntos de la escalera, el artista dejó imágenes de una mujer embarazada.
Aunque siempre fue reticente al respecto, el chileno señaló (siempre siguiendo el relato de los guías) que tal manifestación se relaciona con un hecho doloroso de su pasado.
Final enigmático
También un aura de misterio tiñe el final de Selarón. Apareció muerto en la escalera (a esas alturas, su escalera) el 10 de enero de 2013. Según la policía, su cuerpo tenía múltiples quemaduras. Cerca, había disolvente para pintura.
Desde tiempo antes, había denunciado amenazas de muerte de un ex colaborador con quien había tenido ciertas disputas. De todas maneras, hasta hoy el enigma está abierto y no hay información confirmada sobre los motivos de su fallecimiento.
La Escalera de Selarón sigue siendo uno de los espacios más fotografiados de Río de Janeiro. Cada azulejo es una huella, cada escalón una biografía mínima, un fragmento del mundo incrustado en esa pronunciada pendiente carioca.