Contaba años más tarde “Cuando venían los alumnos al taller, me quedaba en el cuarto de Dante esperándolo y en un papel cualquiera dibujaba objetos, por ejemplo me sacaba los lentes y los dibujaba y con eso hacía una cara, unos ojos, muchas cosas. De día me sentaba en el patio y veía las paredes, a las que se le había caído la pintura, muchas formas: de caras, de pájaros, de plantas, que dibujaba en un cuaderno que aún debo tener guardado. Y si no, hacía todo lo que tenía en el patio: macetas, plantas, flores... Después de atender a los alumnos me retiraba a dibujar con lápiz, carbonilla, o con óleo, entonces venía Grela y yo escondía las cosas, hasta que un día me vio y me sugirió que hiciera un modelo. Puso una jarra, una silla de paja y otras cosas, pero a mi no me gustaba hacer eso, saque el modelo y lo hice sin copiar, como me parecía. Así empecé a pintar hasta que me descubrió Mijalichén quien me dijo que debía hacerlo junto con ellos como una alumna más, haciendo los ejercicios. Grela me tomó como una alumna más y aproveché que en ese momento empezaban a estudiar grabado: Clelia Barroso, Pedro Barrera, Estanislao Mijalichén, Nydia Bollero. Todos aprendimos grabado en madera y después otras técnicas, ahí fue cuando me gustó el aguafuerte”.