La sustentabilidad dejó de ser una demanda marginal para convertirse en uno de los ejes centrales de competitividad global. Esto tiene inmensa relevancia en un país dónde la gran mayoría de los productos agroindustriales tiene a la exportación por destino final. En este contexto, el agro argentino emerge como un actor clave no solo en la provisión de alimentos y energía, sino también en la mitigación del cambio climático. Prácticas como la siembra directa, las rotaciones con cultivos de servicio y el uso eficiente de insumos fortalecen el perfil ambiental del país y permiten el secuestro de carbono en el suelo, una ventaja diferencial que muy pocos sectores pueden ofrecer.

































