Nunca antes y nunca después Ezeiza sería escenario de un suceso de esas características, con futbolistas a los que poco menos se les dio trato de criminales. La mancha del 15 de junio de 1958 fue llamada sin más “El desastre de Suecia” y representó algo más trascendente que un episodio desdichado en sí mismo. Más bien supuso una sonora bofetada a la arrogancia compartida por los dirigentes, los entrenadores, los aficionados y, he ahí el lastre mayor, los jugadores.



































