Mucho se dijo respecto de lo que pasó con el fútbol en aquél 1982. Las competencias locales continuaron desarrollándose como si nada estuviera ocurriendo. Y a nivel internacional, la selección argentina (por entonces campeón mundial) se preparaba para disputar el Mundial de España. Galtieri, presidente de la Nación, presionó para que la selección jugase ese Mundial. Algunos jugadores amenazaron con renunciar (Carrascosa lo hizo antes del Mundial de 1978), pero luego decidieron que la mejor manera de contribuir era transmitiendo una alegría al pueblo desde adentro de la cancha. A todo esto, algunos documentos desclasificados del Reino Unido, indicaron que se evaluó la posibilidad de “bajar” a sus selecciones (Inglaterra, Escocia e Irlanda) a fin de evitar que se enfrenten con Argentina. Daniel Passarella, el capitán de aquella selección, reconoció con el paso del tiempo que “no debimos haber jugado ese Mundial, yo como capitán debí haberlo evitado” y Osvaldo Ardiles, el volante por derecha, perdió a un primo en la guerra y también tuvo palabras similares a la hora de evaluar la conveniencia o no de la participación. Argentina quedó eliminada en la segunda ronda, cuando perdió ante Brasil y frente a Italia, que luego se coronó campeón.




































