Delfina Merino está exultante, sale al balcón de su habitación y aprieta el puño con un “vamos” solitario. Sus compañeras aún están en el gym, por eso se toma una licencia: cruza a la playa, respiraba profundo y camina, feliz, relajada, sabiendo que ha alcanzado el objetivo. En este caso no ha sido un gol clave ni tampoco ha ganado un título nuevo con Las Leonas. Se trata de un logro personal muy especial: en la concentración del seleccionado argentino en ese balneario bonaerense, acaba de rendir –y aprobar, sabría después- la última materia teórica en la carrera de Derecho que hace 12 años cursa en la Universidad de Buenos Aires. Un sueño propio –y familiar- que está muy cerca de cumplirse. En diciembre, si aprueba un trabajo práctico restante, será abogada. Y lo habrá hecho mientras, en el camino, ganó un Mundial (2010), cinco Champions Trophy y fue la mejor jugadora de hóckey del mundo (en 2018). Dos carreras paralelas que arrancaron en 2009: el estudio, en la UBA tras un año de CBC, y el deporte en nuestro mítico seleccionado de hóckey sobre césped que el mundo conoce como Leonas.
































