Corría el año 1984 y Diego Armando Maradona cumplía su segunda temporada en el Barcelona, que se lo había prestado a Boca después de comprárselo a Argentinos Juniors por 1.200 millones de pesetas (casi 8 millones de dólares). El Diez había alzado una Copa del Rey, una Copa de la Liga y una Supercopa española, exhibiendo chispazos de su exquisito fútbol, aunque sin terminar de deslumbrar a los dirigentes del Barça, que estaban bastantes disgustados por su actividad nocturna en la ciudad catalana.




































