Hay un ámbito en el cual Carlos Alberto Reutemann no merece ni recibe cuestionamiento alguno. Su trayectoria política será cuestión de un análisis intenso y controvertido, pero en lo que tiene que ver con su carrera deportiva, esa que lo puso en el primer plano mundial y le sirvió de plataforma para llegar a la gobernación de la provincia, nadie puede discutirle su condición de embajador argentino de elite en una disciplina con innumerables categorías donde llegar a la “máxima” (la Fórmula 1) es sólo para elegidos. Y ni hablar conseguir destacarse entre esos selectos.



































