Allí comenzó el derrotero. Mundial de 1994, Copa América del 95 y el 97, Mundial del 98, Copa América del 99, Mundial del 2002, Copa América del 2004, Mundial de Alemania 2006, Copa América 2007, Mundial 2010, Copa América 2011, Mundial 2014, Copa América 2015 y 2016. El aspecto distintivo y coincidente, desde el 2006 en adelante, tuvo nombre y apellido: Lionel Messi. Fueron siete torneos en los que Messi logró un protagonismo relevante que no se vio directamente vinculado con el éxito. Jugó cuatro finales en ese lapso y las perdió a todas. Justamente él, que ganó 35 títulos con el Barcelona, que había sido campeón mundial juvenil y olímpico con la selección argentina, que es el que más veces vistió su camiseta y el que más goles hizo, siempre quedaba “a pata” en el final. Y como si todo fuera una gran paradoja del destino, dos técnicos argentinos lo dejaban con las manos vacías en apenas un año de diferencia. Sampaoli y Pizzi, ambos dirigiendo a Chile, levantaban el trofeo en sendas finales que se definieron en la lotería de los penales.