“Nosotros concentramos en River, en la cancha que está ahora. Nos dejaron el lugar para que viviéramos ahí. Vivimos cuarenta días antes de jugar el campeonato. Nos entrenábamos a la mañana físicamente, salíamos a correr alrededor de la cancha, después tirábamos cien tiros al aro de distintos lugares. Almorzábamos, dormíamos una siestita y a la tarde, otra vez al gimnasio. A la noche, otra vez. Los casados se podían ir el miércoles a la noche, después del último entrenamiento, pero el jueves a la mañana tenían que estar de vuelta. Los domingos al mediodía podíamos irnos todos, pero el lunes a las ocho había que estar ahí. Era una exigencia tremenda, pero necesaria”, explicó.