Se conjugó todo. El tiempo de tristeza, condicionamientos y cuidados intensivos a los que nos sometió la pandemia; la empatía que generó esta selección de Scaloni, plenamente identificada con la gente y Messi. El orden no importa. Los tres factores se aglutinaron. Por un lado, la necesidad de la gente de desahogarse y de encontrar motivos para festejar; por el otro, el ida y vuelta que generó este equipo que, más allá de los 36 partidos sin perder, brindaba todo lo que la gente quiere ver de un equipo de fútbol (fútbol, garra y sacrificio). Y Messi, ese talento incomparable al que todo el mundo empujaba para que logre lo que todos queríamos. Por la Argentina y por él. Y lo consiguió.



































